Con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBI, 28 de junio de 2026, desde UGT Servicios Públicos presentamos la campaña “Lesbianas visibles, activas y con derechos”
Este mes de junio, desde UGT Servicios Públicos queremos situar en el centro del debate social, sindical e institucional la situación económica y laboral de las mujeres lesbianas.
La situación económica de muchas mujeres lesbianas sigue marcada por una mezcla de desigualdades que se acumulan: la brecha de género, la discriminación laboral y la presión de unos roles de cuidado que todavía recaen, en gran parte, sobre las mujeres. Todo esto se traduce en vidas más precarias, más inestables y con menos margen de maniobra.
No es casualidad que muchas mujeres lesbianas hayan tenido que vivir en alojamientos temporales, de emergencia o directamente en lugares que no son adecuados como vivienda. La precariedad económica está muy presente: casi un 20% de las lesbianas tiene ingresos inferiores a 1.000 euros al mes. Si miramos los datos con más detalle, el 17,6% de las mujeres lesbianas está en este tramo de ingresos, frente a menos del 9% de los hombres gays.
La pobreza también golpea más fuerte a las mujeres. En hogares sin hijos, el 15,7% de las mujeres es pobre, frente al 11,3% de los hombres. Y cuando hay hijos, la brecha se dispara: un 33,1% de las mujeres es pobre, frente al 24,6% de los hombres.
En el caso de las madres lesbianas, la situación tiene matices propios. Aunque también sufren una penalización económica cuando llega un hijo, esta es menor que la que experimentan las madres heterosexuales. En las parejas de mujeres, la madre gestante pierde alrededor del 13% de sus ingresos, y su compañera un 5%. Aunque, con el tiempo, ambas se recuperan más rápido y de forma más equilibrada.
Aun así, la maternidad en parejas de mujeres implica costes añadidos: reproducción asistida, trámites médicos, incertidumbres legales. Y, además, muchas acaban buscando trabajos con horarios flexibles —por horas, por temporadas, con contratos cortos— para poder compaginar cuidados y empleo. Pero esa flexibilidad tiene un precio: menos estabilidad, menos posibilidades de ascenso y más precariedad.
También están las redes de apoyo, ya que muchas lesbianas construyen familias elegidas que funcionan en lo cotidiano, pero que no existen a ojos de la ley. Y eso, cuando hablamos de permisos, ayudas o derechos laborales, es un inconveniente.
En el mercado laboral, la desigualdad sigue siendo evidente. La tasa de desempleo entre mujeres es más alta que entre hombres, tanto en la población general como dentro del colectivo LGTBI. En 2025, la diferencia dentro del colectivo era de casi seis puntos, mucho más que en la población general. Y la idea del pink money, ese supuesto poder adquisitivo del colectivo LGTBI, no representa en absoluto a las lesbianas. Ese perfil (hombres, urbanos, sin cargas familiares) deja fuera a muchas mujeres que viven una doble brecha: la de género y la de orientación sexual.
Por otro lado, se estima que, alrededor de un 40% de mujeres lesbianas, ocultan su orientación sexual en sus centros de trabajo, teniendo consecuencias fatales: por un lado, el control permanente de la información que se da y se oculta trae consigo, en ocasiones, problemas de ansiedad y estrés, que pueden derivar en problemas en el sistema musculoesquelético. Por otro lado, se produce la que quizá sea la expresión máxima de lgtbifobia en los centros de trabajo y es la renuncia voluntaria a derechos sobradamente consolidados, especialmente los que tienen que ver con la conciliación, como la renuncia al permiso por matrimonio o al permiso por hospitalización del cónyuge.
Este ejercicio de ocultación de produce para evitar ambientes laborales hostiles, en los que las lesbianas pueden ser víctimas, al igual que el resto del colectivo, de violencias verbales y físicas y, concretamente ellas, también pueden sufrir violencias sexuales con carácter correctivo.
Muchas mujeres lesbianas están especialmente expuestas a los vaivenes económicos: trabajos precarizados, más desempleo, más dificultades para promocionar. Aunque algunas parejas de mujeres reparten mejor los cuidados, eso no cambia el problema de fondo: el sistema sigue penalizando a quien cuida, y las mujeres siguen cuidando más.
Mientras las trabajadoras lesbianas sigan enfrentándose a la invisibilidad, la precariedad y la discriminación, no habrá igualdad real en los centros de trabajo.