Jesús Isidoro Gualix Muñoz, responsable de Enseñanza Privada de UGT Servicios Públicos
La reciente firma de las tablas salariales pendientes del VII Convenio Colectivo – correspondiente a 2024 y 2025 para el personal docente en pago delegado y a 2025 para los trabajadores de los niveles no concertados, el personal complementario y el PAS- de la Enseñanza Concertada marca el cierre de una etapa que se ha prolongado más de lo deseable y que ha generado incertidumbre entre miles de trabajadores y trabajadoras del sector.
Era imprescindible culminar este proceso, no solo para dotar de seguridad jurídica y económica al presente, sino también para abrir, con garantías, la negociación del VIII Convenio Colectivo. Sin cerrar lo pendiente, difícilmente puede construirse lo futuro.
No es este el momento de valorar en su conjunto el convenio saliente, que ha tenido luces y sombras, sino de analizar las consecuencias de esta actualización salarial. Las nuevas tablas salariales permiten avanzar respecto a la situación de partida del futuro convenio y consolidan la senda de incrementos vinculados a los módulos de conciertos. Además, extienden esa evolución al PAS y a los niveles no concertados.
Se mantiene el incremento de las salidas escolares vinculado al IPC y se mantiene el modelo de búsqueda de soluciones con complementos para minimizar el impacto de los salarios que puedan quedar por debajo del SMI. Asimismo, se ha logrado articular una solución específica para el personal de cocina que mejora su poder adquisitivo mediante un complemento diferencial.
Hasta prácticamente el final de la negociación se defendió la necesidad de avanzar hacia una medida que será prioritaria en el próximo convenio: la vinculación del salario base al SMI para los trabajadores afectados. Éramos conscientes de la dificultad de introducir este cambio estructural en este momento, en el último año de vigencia, pero considerábamos imprescindible intentarlo.
Por encima de todo, el acuerdo ha permitido desbloquear la situación, aportar estabilidad y fijar una base desde la que seguir avanzando. Cerrar esta fase era condición necesaria para no seguir aplazando debates de mayor calado que deberán abordarse en el nuevo ciclo negociador.
En este contexto, conviene referirse a la posición de aquellas organizaciones sindicales que han decidido no firmar las tablas salariales. Desde el respeto a su autonomía, resulta difícil obviar ciertas contradicciones en el debate público. La crítica desmedida por su parte en redes sociales hacia quienes hemos decidido participar activamente de las soluciones no se acompaña, en ocasiones, de la misma exigencia en otros ámbitos de la enseñanza donde se han suscrito acuerdos en materia de SMI en condiciones sensiblemente inferiores. Quizá el problema no sea el contenido, sino el ámbito: la enseñanza concertada.
Ahora corresponde mirar al futuro. La negociación del VIII Convenio Colectivo comienza el próximo 9 de abril y en ella seguiremos apostando por un sindicalismo útil y reformista, capaz de combinar la firmeza en las reivindicaciones con la responsabilidad.
Será el momento de abordar cuestiones clave para nuestra organización: la jornada lectiva y no lectiva, nuevos permisos y más derechos para el conjunto de trabajadores docentes y no docentes de la concertada como partes de un servicio público, así como de la clasificación profesional, el modelo salarial y, por supuesto, el SMI.
El VIII convenio ya está aquí, bienvenido el nuevo ciclo.